Así como ocurrió en la crisis subprime, la crisis del ladrillo español tuvo su chispa de origen y su combustible en el sistema crediticio local. Un estudio de Funcas (Fundación Cajas de Ahorro) denuncia que el crédito inmoderado proporcionó el aliciente que “la burbuja inmobiliaria necesitaba para continuar el proceso de crecimiento de los precios”. Según el informe señala entre 1995 y 2007 el crédito hipotecario se multiplicó por nueve,  y la financiación para constructoras por 6,7, y el crédito para inmobiliarias creció más que el de ninguna otra actividad: se multiplicó por 25.